Para mí, fue hace muchos años, por allá como en el 2012, la primera vez que me hice un Reiki, recuerdo que estaba pasándola muy mal ya que habían fallecidos mis padres y todo lo que yo conocía como “familia” y mi base, se había derrumbado en el transcurso de dos años. Me sentía perdida, abrumada, desesperanzada y con una enorme rabia hacia Dios, tanto así que el aroma a incienso y todo lo relacionado me mareaba y no lo soportaba, había cortado toda comunicación con la Divinidad ya que de cierto modo la culpaba de todo lo que me estaba pasando y de todo el sufrimiento que llevaba conmigo.
Entonces un día, mi esposo, que en ese entonces era mi pololo, al verme tan perdida y con tanta tristeza, rabia y desarmonizada, me sugirió que me hiciera un Reiki, debo reconocer que para mi era algo totalmente nuevo, y que además chocaba con mis creencias más arraigadas del catolicismo al que siempre perteneció mi familia y por supuesto yo. Mi primera reacción fue un rotundo ¡no! Diciéndole que no me gustaban esas cosas y que me daba miedo que me “sacara el alma”, a lo que él, mucho más abierto y avanzado que yo espiritualmente, solo sonrió.
Finalmente accedí, después de varias propuestas por parte de él, me decidí, pero con la condición de que él se realizara la sesión primero, para que yo pudiera comprobar y estar tranquila que nada “malo” sucedería. Y así fue.
Lo que pasó luego en mi sesión fue bastante loco, y en realidad me marcó, dado que como era muy desconfiada y algo escéptica, cuando fue mi momento de entrar, ingresé a la sala muy atenta a todos los detalles. La chica que me atendió fue bastante amable y me dijo que me recostara en la camilla, cobijó mis pies y tapó mis ojos con un antifaz, eso me desconcertó un poco porque de alguna manera yo deseaba ver qué estaba pasando dentro de esa sala.
Reconozco que no me relajé en absoluto, y que me mantuve pendiente hasta del más mínimo detalle y sonido que percibía (tengo un oído bastante agudo por lo que capto muchos sonidos que otras personas pasarían por alto); pero acá viene lo curioso, una vez que comenzó la chica a hacer el Reiki, sentí un extraño calor en mi cabeza, de hecho sabía muy bien que la chica estaba ubicada en el sector de mi cabeza, sin embargo también comencé a sentir que me tocaban los pies y las rodillas, en ese momento mi única explicación racional era que sin darme cuenta había entrado otra persona a la sala para ayudar en la sesión. Durante la sesión, no dormí y me mantuve lo más atenta posible, pero seguía sintiendo como si me hicieran cariño en mis rodillas y pies y por supuesto un calor agradable en mi cabeza.
Cuando finalizó la sesión, la chica me sacó el antifaz y para mi sorpresa, se encontraba sola en la sala, no había indicios de que hubiese estado acompañada, de hecho, quise confirmar y le pregunté, pero siempre estuvo solo ella…ahí ya comencé a notar que algo raro pasaba.
Bueno, después de la sesión me dio unas indicaciones post sesión y lo siguiente que me dijo, ya me dejó “marcando ocupado”, me indicó que mientras hacía la sesión le había llegado cierta información y que yo tendría que ver si me hacía sentido y me servía.
Me habló de que veía muchos documentos en una mesa, y que le habían dicho que “todo se iba a resolver”. Yo recibí la información, pero no se me vino nada a la mente inmediatamente.
El caso es que esa semana en particular había estado muy complicada, porque con mis hermanos estábamos vendiendo la casa donde vivió sus últimos años mi mamá y había dos posibilidades, venderla a una familia o a un corredor. Por mi parte, yo quería que se quedara la familia con la casa, porque me agradaba más la idea de que esa familia pidiera disfrutarla, además que mi madre le encantaba ese lugar, lo del corredor lo sentía mas impersonal y frío; el problema que la familia había realizado todas las gestiones en el banco, pero no les aprobaban el crédito hipotecario para comprar y estaba todo el trámite estancado.
Al día siguiente de la sesión de Reiki, recuerdo que me encontraba en la oficina trabajando cuando recibo una llamada de la ejecutiva del banco diciéndome que la operación estaba lista y que la casa la compraría la familia, que se había resuelto todo y que me quedara tranquila que la casa quedaría en buenas manos. La verdad me dio mucho gusto la noticia y también me impresioné bastante e inmediatamente recordé lo que me había dicho la chica en la sesión, era exactamente a lo que se refería… desde ese entonces ya no tuve más remedio que comenzar a creer porque ya me habían dado pruebas suficientes que mi mente no pudo rebatir, y es así como comenzó un gran camino y junto con ello, una gran transformación que me puso hoy en día en el camino de la sanación.
